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El vehículo de Kamill detuvo su andar, habían parado en Villa Florida, entonces sus miradas se encuentran, en ese momento se abrió la noche como un pecho herido, y en su latido oscuro se encuentran, los latidos de sus corazones eran salvajes, como furia callada, deseo reprimido,
tempestad que nunca se nombró, pero fue.
Sus ojos para Kamill eran puñales, que lo desgarraban sin tocar la piel, cada respiración un golpe brutal, un mandato sutil, feroz y fiel. Era una leona y el era su