El sol apenas despuntaba sobre las lomas suaves de San Juan Bautista, tiñendo el cielo de tonos dorados y rosados. Una brisa fresca recorría la Hacienda El Jaguar, meciendo los altos pastizales que cercaban el viejo establo de adobe. El murmullo lejano de los gallos se confundía con el roce de las hojas y el rítmico galopar de una yegua alazán.
Lilith surgía entre la neblina matinal como una figura de leyenda. Su silueta recortada contra el sol naciente era la de una diosa amazona. Llevaba el c