ESTADOS UNIDOS
El rugido del helicóptero rompía la quietud de las montañas, un zumbido grave y constante que hacía vibrar las copas de los árboles. La aeronave, negra como la medianoche, cortaba el cielo del norte de California con precisión militar. No llevaba insignias visibles. Solo los entendidos sabían que ese helicóptero no pertenecía a ninguna fuerza aérea oficial, sino a una organización que operaba por encima de las leyes y las fronteras: La Dama de Legión, dueña y señora estaba llegan