El interior de la camioneta aún conservaba el calor del encuentro. El vaho tenue en los cristales hablaba de cuerpos entrelazados, de secretos compartidos sin palabras. Lilith, con los mechones avellana pegados al cuello y el corazón latiéndole como si estuviera huyendo, trato de acomodar aquel vestido rojo qué estaba rasgado. Desde el asiento del conductor, Kamill Becker ajustaba el cinturón de su pantalón mientras dejaba escapar un suspiro entre satisfecho y pensativo.
Ninguno de los dos habl