CAPÍTULO 76
Alexander ya estaba en el despacho presidencial con el teléfono pegado a la oreja cuando Lucía entró. Al verla entrar, colgó de inmediato. Su mirada recorrió el aspecto de su esposa con una mezcla de alivio y una irritación que burbujeaba bajo la superficie.
— Viniste —dijo él, a modo de saludo.
Lucía no se sentó. Se apoyó en el borde del escritorio, manteniendo la distancia física y emocional.
— Viniste tú también —replicó ella con voz ronca—. Vine porque prometí que estaría para l