CAPÍTULO 57
— Busco a mi marido, Fernando Castillo —dijo a la recepcionista, aunque sus ojos no dejaban de recorrer los ascensores privados—. Me dijo que tenía unos documentos importantes que recoger.
Era una excusa barata y ella lo sabía. Victoria no estaba allí por Fernando; la presencia de su marido en los niveles inferiores de la empresa se había vuelto un recordatorio molesto de su fracaso. Ella estaba allí por el hombre que realmente movía los hilos del imperio.
En ese momento, las puerta