CAPÍTULO 29
Alexander no había dormido en la habitación.
Tampoco había mandado colocar la cama supletoria que había amenazado con instalar.
Simplemente, no estaba. Su lado del colchón estaba frío, liso y perfecto, como si nunca hubiera sido ocupado. No había dejado nota, ni mensaje, ni rastro de su paradero.
Lucía se sentó en el borde de la cama y miró el espacio vacío. Una parte de ella, la parte insegura que Fernando había dañado años atrás, sintió el aguijón del rechazo. Pero la otra parte,