CAPÍTULO 133
— ¡Maldición! —exclamó, golpeando el pilar con la palma de la mano.
Había llegado tarde. Benicio, con su impaciencia habitual, ya se había ido de la finca sin siquiera despedirse de ella.
Dio media vuelta y corrió hacia su propio vehículo. No se cambió de ropa. No llegaría a tiempo.
Condujo con la ventana abierta, dejando que el viento le golpeara la cara, tratando de enfriar los pensamientos que se agolpaban en su mente. Hacía poco más de un año que no veía a Thiago. Un año de v