CAPÍTULO 142
Samanta estaba sentada frente al espejo de su camerino, aplicando una fina capa de polvo traslúcido sobre sus pómulos.
A su alrededor, ocupando cada silla, mesa y rincón disponible, se apilaban enormes y ostentosos ramos de flores. Rosas rojas de tallo largo, orquídeas blancas importadas, lirios exóticos. Junto a ellos, pequeñas cajas de terciopelo de joyerías reconocidas y botellas de champán que costaban más que el alquiler anual de su modesto apartamento. Eran los regalos de l