CAPÍTULO 141
La entrada del Club Velvet estaba custodiada por dos hombres que parecían armarios empotrados en trajes oscuros, con auriculares en las orejas y listas digitales en sus tablets. La música y el humo salían en ráfagas cada vez que las gruesas puertas se abrían.
El grupo de cuatro, liderado por la confianza ciega de Thiago, se acercó directamente al cordón rojo, saltándose la fila de más de cincuenta personas que protestaron en voz baja.
— Buenas noches —dijo Thiago, dirigiéndose al j