CAPÍTULO 132
A sus veinticinco años, Sofía era la viva imagen de la tierra que pisaba. Mientras su mellizo Mateo había optado por vestirse de ejecutivo y trabajar junto a su padre, ella había decidido quedarse en casa junto con sus adorados caballos. Vestía unos pantalones de montar beige manchados de tierra, botas altas de cuero y una camisa de cuadros con las mangas arremangadas hasta los codos, dejando ver unos brazos bronceados y fuertes, curtidos por el trabajo físico diario.
Pasaba la al