CAPÍTULO 104
Finalmente, no lograron ver ninguna estrella con claridad.
— Creo que necesitamos un curso —admitió Lucía, rindiéndose y frotándose los brazos por el frío que traspasaba su suéter—. O quizás unas coordenadas más precisas. Lo volveremos a intentar mañana, con más luz para entender los controles.
Mateo bostezó, un sonido largo, sonoro y contagioso que hizo que Sofía se frotara los ojos con los puños cerrados, luchando contra el sueño.
— Tengo sueño —dijo el niño, bajándose del tabur