CAPÍTULO 123
Alina, sentada en una silla giratoria, limándose una uña rota, rompió el silencio.
— Si sigues mirando la puerta con esa intensidad, vas a derretir el vidrio, Lu.
— No estoy mirando la puerta —mintió Lucía, apartando la vista—. Estoy... pensando en la reestructuración de la farmacia.
— Ajá. Claro. Y yo soy experta en física cuántica. —Alina se rió—. Admítelo. Esperas que venga. Y yo también, para ser honesta. Si no aparece hoy, le pierdo la fe a la humanidad masculina.
En ese preci