CAPÍTULO 119
A las ocho y veintinueve de la mañana, ni un minuto más ni un minuto menos, el motor del SUV negro de Alexander De la Vega se detuvo frente a la puerta de la clínica veterinaria Flores.
Lucía salió de la clínica, ajustándose el saco de su traje sastre gris. Se veía profesional, compuesta, la imagen viva de la Presidenta que había aprendido a ser, aunque por dentro sus nervios estuvieran deshilachados. Subió al asiento del copiloto y cerró la puerta.
— Puntual —dijo ella, abrochándo