CAPÍTULO 121
Alexander apagó el motor y miró al asiento del copiloto. Su nuevo amigo, el perro de tres patas que se había convertido en su copiloto inseparable y su boleto de entrada a la vida de su esposa, lo miraba moviendo la cola, ajeno a los dramas humanos de herencias e infartos.
— Vamos, compañero —susurró Alexander, bajando del coche—. Tienes una cita médica. O al menos, eso vamos a decir.
Caminó hacia la puerta lateral, antes de que su dedo pudiera rozar el botón, la puerta se abrió, r