96. Sentirse como una carga
James se quedó mirando la pantalla de su portátil mucho después de que la casa volviera a quedar en silencio. La cifra seguía allí—fría, precisa e implacable. La penalización acordada en el borrador final de la negociación. Una cantidad lo suficientemente grande como para hacer que cualquiera reconsiderara sus prioridades en la vida.
James no lo hizo.
Cerró el portátil, respiró hondo y luego tomó su teléfono para enviar un mensaje breve a su abogado:
Proceda. Acepto el acuerdo financiero comple