31. Entre el cielo y los secretos
Aquella mañana, el coche negro de James avanzaba despacio hacia el aeropuerto.
En su interior, James y Emma viajaban en silencio. No intercambiaron palabra durante casi media hora de trayecto. Solo el sonido de la lluvia y el murmullo del motor llenaban el aire.
Emma miraba por la ventanilla, contemplando su reflejo borroso en el cristal empañado. Tenía los ojos hinchados, pero esta vez no caían lágrimas —solo un silencio pesado, como si algo se resistiera a soltarse.
De vez en cuando, James la