32. Una decisión bajo la llovizna
James encendió el motor del coche en el aparcamiento subterráneo; su corazón aún latía con fuerza por el encuentro inesperado con Harry. Giró el volante y salió despacio del estacionamiento, intentando serenarse. Su mente bullía de estrategias: dónde debía ocultarse, cómo desviar la atención de Harry y cómo asegurarse de que Emma estuviera a salvo en París.
Pero cuando el coche salió hacia la vía principal del aeropuerto, algo lo obligó a pisar el freno con brusquedad.
Frente a la puerta de sal