30. Huellas que no pueden ocultarse
—James —lo llamó en voz baja—. ¿Qué dijo?
La voz de Emma sonó como un susurro en medio del estruendo de la lluvia.
James se detuvo en el umbral, intentando ordenar las palabras. Pero cada frase le parecía equivocada. Quería protegerla, pero sabía que esta vez la verdad ya no podía esconderse.
—Emma —dijo al fin, despacio—, Harry… lo sabe.
El rostro de Emma se tensó.
—¿Sabe qué?
James dejó escapar un largo suspiro y miró al suelo.
—La llamada de esta tarde. Cuando estaba en la cafetería del hosp