15. ¡Eres un idiota, Harry!
Aquella mañana, el aire en las montañas de Suiza era tan limpio y cristalino. El cielo azul claro se extendía inmenso, mientras una fina capa de nieve aún descansaba sobre los pinos.
Emma estaba sentada junto al gran ventanal del salón, vestida con un suéter color crema y unos pantalones de lana suave. En su regazo, varias telas en tonos pastel reposaban cuidadosamente dobladas, y sobre la mesa frente a ella se acumulaban bocetos de diseños de moda.
La mujer dibujaba con absoluta concentración: