Sawyer la observaba mientras la tocaba, con los ojos fijos en cada centímetro de su cuerpo.
Sus manos se dirigieron a sus pechos, apretándolos y acunándolos en un reflejo de su primera interacción.
Solo que ahora era la mano de Sawyer la que estaba entre sus piernas en lugar de la de ella; ahora hacían aquello para lo que siempre estuvieron destinados: se convertían en aquello en lo que siempre debieron ser.
En los ojos de Sawyer se encendió la pasión. Solo podía aguantar hasta cierto punto