Lucy no puede respirar.
No es una metáfora ni una exageración. Literalmente, el aire no le entra en los pulmones. Está viendo la escena frente a ella, pero algo dentro de su mente se niega a aceptarlo.
Es como si su cerebro hubiese decidido desconectarse para protegerla.
El pasillo de la casa está lleno de uniformes, luces rojas y azules filtrándose por las ventanas, y ese olor metálico del miedo que lo impregna todo.
Los oficiales hablan, los papeles se agitan, las esposas tintinean… pero el