La noche ha sido un castigo.
Lucy no ha cerrado los ojos ni un solo segundo. Cada vez que parpadea, ve a Sawyer esposado, la mirada de incredulidad en su rostro, el brillo metálico de las luces reflejándose en las lágrimas que no alcanzó a limpiar.
El eco de su voz “Te amo, Lucy” aún retumba en su mente, una promesa y una herida al mismo tiempo.
Cuando el cielo apenas comienza a aclararse, con esa mezcla entre azul pálido y gris que precede al amanecer, Lucy se levanta de la cama sin sentir las