El aire de la tarde es más frío de lo que Sawyer recordaba.
O quizá es que todo, desde que salió del hospital, le parece distinto.
Cada sonido, cada olor, cada luz en las calles parece ajeno, como si hubiera cruzado a un universo en el que él ya no pertenece.
Cierra la puerta de su coche con un suspiro largo y se queda un momento allí, inmóvil, con la caja de cartón en el asiento del copiloto.
Dentro están los objetos que marcaron su vida profesional: su estetoscopio, el reloj de pulsera que