La oficina de Ripley está en silencio, y ese silencio es lo que más desespera a Lucy.
El reloj de pared parece sonar más fuerte que nunca, cada tic-tac recordándole que su futuro está en manos de la mujer que tiene delante.
Lucy se mantiene de pie, los dedos entrelazados frente a ella, luchando por no temblar.
Puede sentir el pulso acelerado en sus muñecas, como si su cuerpo entero fuera un tambor de guerra.
Cada respiración se le hace corta, como si el aire fuera insuficiente.
Sabe que esa