El mundo se redujo a un latido, a un hilo de respiración que parecía quebrarse en cada segundo.
Lucy se inclinó sobre Sawyer, con la lluvia empapándole el cabello y la ropa, sintiendo el frío calar hasta los huesos.
El cuerpo de él temblaba, sus ojos cerrados, la piel pálida y húmeda, y la sangre manando sin control de un corte profundo en el pecho y otro en el brazo.
Su corazón latía con debilidad, irregular, casi imperceptible.
—¡No, no, no, no! —susurró Lucy para sí misma, su voz tembland