Lucy permanecía sentada en la fría sala de espera del hospital, empapada aún de la lluvia, con el cabello pegado a la cara y la ropa manchada de barro y sangre.
Sus manos temblaban, entrelazadas sobre sus piernas, mientras trataba de calmar la respiración acelerada.
Cada pitido lejano de un monitor o el eco de una conversación médica la hacía sobresaltarse, y su mente no dejaba de girar, atrapada entre el temor y la esperanza.
El recuerdo de Sawyer cayendo al suelo, su pulso desapareciendo, s