El corazón de Isabella se partió un poco más. Dio un paso atrás, alejándose de él y cruzó sus brazos sobre el pecho como si quisiera protegerse de lo que acababa de pasar y consolarse a la vez.
La puerta se abrió y Camille, la prometida de Alexander entró como si el mundo le perteneciera.
Alta, elegante, perfectamente maquillada, su cabellera de un rubio perfecto oxigenado y un porte digno de la prometida del CEO más codiciado del país.
Cruzó la habitación con paso firme, se acercó a él