Siempre tú

Claro que me parecía bien. Me parecía tan bien que no podía creer que fuera cierto, pero así era mi Isabella, una mujer que parecía creada por el mismísimo Dios para mí. Tal vez era así.

Decidí confiar en ella. Confiar en lo que me acababa de decir.

Cuando me decidí, cogí sus muslos y me levanté, dejando su pelvis apuntada hacia mí mientras caminaba hacia el sofá.

La besé con un beso suave y breve, un recuerdo de lo mucho que la quería antes de que mi lado bruto tomar
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