El sol entra con suavidad por las ventanas abiertas de la villa, proyectando haces dorados sobre el suelo de madera y las alfombras.
La risa de Emma resuena desde la cocina mientras Liam y Gael corren alrededor de la mesa con cucharas de madera en las manos, haciendo como si fueran micrófonos. Isabella, aún en pijama, observa desde la encimera mientras remueve un poco de chocolate caliente. Alexander, en cambio, intenta no reír mientras sostiene un plato de frutas que los niños parecen ignorar