La lluvia cae suavemente sobre los ventanales de la oficina cuando Valentina entra, sujetando una carpeta contra su pecho.
Su cabello está algo húmedo y lleva un suéter gris claro que hace resaltar el leve rubor de sus mejillas.
Henry ya la espera, con una taza de café humeante en la mano, el rostro sereno y expectante.
—Llegas justo a tiempo —dice él, señalando la mesa donde hay bocetos y documentos esparcidos.
—¿Has trabajado en el nombre del proyecto? —pregunta ella, dejando su carpeta al