La mudanza es un torbellino de emociones.
Los niños corretean de un lado a otro, sus risas rebotando en las paredes aún medio vacías del nuevo departamento. Isabella observa las cajas apiladas en el salón, sintiendo una punzada de nostalgia por lo que deja atrás… pero también, una chispa de esperanza por lo que podría construir aquí.
Alexander no se separa de ellos.
Aparece a primera hora, con mangas remangadas, cargando cajas como si fuera uno más del equipo de mudanza.
No le importa ensuciar