El murmullo de los motores del jet privado vibraba bajo sus pies cuando Isabella, con una mezcla de asombro y nerviosismo, sujetó las pequeñas manos de Emma y Gael mientras Liam se adelantaba emocionado hacia la escalinata.
Alexander, de pie a un costado, los observaba con una sonrisa amplia y genuina, diferente a cualquier otra que hubiera mostrado en público. Esta era su familia, su mundo. Y estaba dispuesto a luchar por ellos.
—¡Mamá, mamá! ¡¿Vamos a volar en esa cosa enorme?! —gritó Liam, s