La mañana irrumpe como una bofetada para Camille Leclerc.
La luz que se filtra por las cortinas de su dormitorio parece más cruel que de costumbre, como si el universo supiera lo que está a punto de enfrentar.
Un sonido insistente la despierta: su móvil vibra sobre la mesita de noche, parpadeando incesantemente.
Mensajes. Llamadas perdidas. Notificaciones.
Demasiadas.
Frunce el ceño, irritada, mientras estira la mano para tomarlo.
Cuando abre la primera alerta, su corazón se detiene.
Fotos.
Fot