El sonido de risas infantiles llenaba el apartamento, rebotando entre las paredes como una canción que solo el amor podía componer.
Isabella, aún en ropa de oficina, estaba arrodillada sobre la alfombra de la sala, rodeada por tres pequeños tornados de energía: sus hijos.
Cinco años. Cinco años desde aquel día en el hotel. Cinco años criándolos sola.
Cinco años con el corazón dividido entre el amor por ellos… y el vacío que Alexander había dejado sin saberlo.
Cinco años pensando en qu