Por estar pensando cómo explicar la razón del regalo, casi se tropezó con la mujer que estaba de paso.
—Disculpe —dijo sin prestar atención. Siguió su camino hacia la puerta del auto.
Empero, la muchacha lo miró y lo reconoció al instante.
—Damián —saludó—. ¡Hola!
Se detuvo. Un escalofrío recorrió su cuerpo. Volteó con lentitud.
Respiró hondo. La miró desde los pies a la cabeza. Estaba pelirroja, se había pintado el cabello. Tenía unos zapatos de tacón de punta, de color negros y también un v