Al cruzar el umbral de la casa, respiró hondo. Parecía que pasar esos minutos con la pelirroja le había consumido la energía.
Subió por el ascensor aflojando su corbata y se recostó en la pared de este. Fue de camino a su cuarto para tranquilizarse. Una ducha, primero una ducha y luego saludaría a Ciabel antes de que se fuera a dormir. Si no se equivocaba, seguía despierta todavía.
Dejó el ramo de rosas sobre la cama, se dio una larga ducha y por último se colocó la ropa de pijama de siempre