—¿Qué está pasando aquí? —cuestionó Damián confundido.
Logan cerró la puerta antes de irse dejándolos solos. Lo cierto era que preferiría no involucrarse en una discusión o en algo privado que excedía sus límites en cuanto a ser un entrometido en toda regla.
Ciabel miró al hombre confundido que tenía delante y se limitó a sonreír un poco. Dejó el teléfono a un lado y respiró hondo.
—Nada.
La observó fijamente por unos segundos y se relamió los labios.
—Ciabel tienes los ojos rojos. No me digas