Tres años después
El pequeño Marcus corrió riendo a carcajadas mientras escapaba de su hermano mayor, Ciro, pues le había robado un juguete. Él le siguió la corriente, divertido.
Ciabel estaba recostada en la cama con la manta tapando hasta su cabeza. Era un día de lluvia y ninguno quería moverse de la cama. Excepto que Marcus no daba opción a hacer nada que no fuera jugar. No le importaba el día, ni la hora. Jugaba todo el tiempo y eso era lo lindo. Era un niño lleno de luz, tanto como lo eran