—¡No puede ser! —gritó incrédula. Sus ojos se pusieron brillosos y se puso a abrazar a cada una de las personas que estaba ahí.
Damián se dedicó a mirarla, admirar a la persona con la que se había casado. Estaba feliz. La amaba más a que a nadie en el universo. Había conseguido que financiaran su proyecto.
En realidad, era un proyecto en el que la peligris había estado trabajando con mucho esfuerzo. Lo cierto era que le sorprendía que no se hubiera rendido todavía. Él veía potencial, ella no es