Manu
Mi madre se quedó espantada, pero lo aceptó. O al menos guardó un silencio algo parecido al respeto. De inmediato me levanté, dando por terminada nuestra conversación, y comencé a preparar mi mudanza. Tomás estaba casi igual de entusiasmado que yo, y jamás puso en duda mi capacidad de supervivencia lejos de casa.
Gracias a mi obsesiva necesidad de mantener todo clasificado y en perfecto orden, la organización de mis pobres tres cajas no nos tomó más que un par de horas por la noche y la ma