Manu
Abrí los ojos sin ser capaz de dimensionar el tiempo que había pasado inconsciente, y por si fuera poco, con escasos recuerdos sobre la noche anterior: eso sí, sabía que Nino había pasado de odiarme a llorar a mi lado, tal vez como consuelo o debido al lamentable papel que una vez más me tocaba interpretar. Por el momento, la única certeza que tenía, era la sensación de sus dedos entre mi cabello, y el teléfono vibrando sobre la cama.
—Ya vuelvo —dijo Nino, al ver que mis ojos comenzaban a