Paula recibió la banda y el trofeo de manos de Fernando, mientras Natália observaba en silencio. No era solo el torneo lo que le impresionaba, sino cómo Fernando parecía dominar todos los ambientes: ya fuera con sus palabras o simplemente con su presencia.
Paula levantó el sombrero, radiante, pero su mirada se fijó en un solo punto: Fernando, quien, junto a Imperador, la observaba con una discreta sonrisa de aprobación.
Natalia se percató del detalle y sintió que se le encogía el corazón.
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