Javier se acercó hasta donde estaban los dos niños jugando y se detuvo en seco para poder observarlos mejor. Una sonrisa apareció en su rostro al ver la expresión de Sebastián mientras este conversaba animadamente con su hermana. Aquella escena le resultaba entrañable y, al mismo tiempo, se preguntaba cómo no había notado antes esos pequeños gestos en su hijo.
Pensó que Daniela y Sebastián eran lo más hermoso que había visto en su vida y no estaba dispuesto a discutirlo con nadie.
Sintió que su pecho se inflaba con una extraña pero intensa mezcla de emociones: felicidad por aquel momento, orgullo al contemplar a sus hijos juntos y, también, una inevitable tristeza por no haber estado junto a ellos durante todos aquellos años. Los recuerdos y la culpa se entremezclaban en su interior, haciéndole aún más consciente del valor de ese instante.
Martín, que se encontraba cerca, lo miró de soslayo. Por un segundo, las miradas de ambos hombres se cruzaron y se sostuvieron, cargadas de signifi