Samantha sintió que el aire se le escapaba junto con la palabra, como si hubiera estado sosteniéndola durante muchos años dentro del pecho y, al soltarla, se rompiera algo que jamás iba a poder recomponer.
Javier no reaccionó de inmediato.
No hizo ningún gesto, no respiró más hondo, no se movió. Solo la miró. Con esos ojos oscuros que siempre habían sabido atravesarla, pero que ahora parecían vacíos, como si hubieran visto un accidente. O peor: como si él fuera el muerto.
—Entiendo —murmuró al