Mientras Javier conducía hacia el parque, aprovechó para sumergirse mentalmente en los recuerdos de todo lo que había ocurrido hasta el momento. No solo repasó los hechos recientes, sino que su mente viajó muchos años atrás, hasta el día en que conoció a Samantha, hacía un poco más de veinte años. Cuando, Samantha regresó de España junto a sus padres, Daniela y Sebastián, para establecerse de nuevo en el país y los padres de Javier, hicieron una cena en su honor.
Javier sonrió dulcemente al recordar la imagen de Samantha: una niña pequeña y delgada, con una carita redonda y unos impresionantes ojos azules, llenos de dulzura e inocencia. Nunca había visto esa pureza en nadie. La madre de Samantha la había vestido con un vestido color azul Francia y le había peinado el largo cabello en dos trenzas.
En aquel momento, Samantha tenía unos cinco años y Javier casi nueve. A pesar de la diferencia de edad y de lo improbable que parecía, ambos se hicieron amigos. Samantha era tímida y algo ve