Entrar al departamento de Martín para Samantha fue algo muy extraño. Era la primera vez que estaba allí y sintió un inusitado vértigo al entrar en el lugar.
Una parte de ella sabía que después de ese día no había vuelta atrás. Ni para ella ni para él. No se mentía a sí misma; era dar un salto al vacío, algo totalmente desconocido.
No porque no hubiera estado con un hombre si no por la forma en que lo había hecho anteriormente de esta manera: de manera consciente sin ninguna intención detrás. Estaba segura de que hacerlo con Martín para ella sería como la primera vez.
El hombre al verla tan ensimismada, le tomó la mano y le dio un beso en la palma.
—Samy..., no tenemos que hacer nada —le dijo con tranquilidad—. Te llevo a tu casa y ya está, no pasa nada. Pero antes, al menos vas te doy una camisa o algo que te quede porque no podés estar con ese vestido, estás empapada.
Ella lo miró y le sonrió.
—Martín... no quiero estar en otro lado que no sea acá —dijo, acariciándole la mejilla con