El salón entero estaba pendiente de ella, y Samantha lo sabía. No había llegado tan lejos para perder la compostura ante la seductora actitud de Javier. No iba a darle ese gusto.
Él ya no tenía ningún poder sobre ella. Estaba dispuesta a probarlo a cualquier precio. Las heridas del pasado no solo le habían dado alas, sino también una voluntad inquebrantable.
—Perdón, señorita Spencer... —dijo con esa voz que la había perseguido en sueños y pesadillas—. ¿Acaso la he molestado con lo que acabo d