Sus ojos color azul cielo, escondidos tras largas pestañas, guardaban una picardía que rara vez dejaba ver.
—La mayoría de los hombres son fáciles de manipular. Sólo debes decirles lo que quieren escuchar y sonreírles — murmuró Sam con desprecio, mientras se encaminaba hacia el salón—. Aman a las mujeres vanidosas, superficiales y manipuladoras. En cambio, a quienes tienen buenos sentimientos, las desprecian, burlándose de ellas...
El resentimiento y el dolor transitado la habían transformado e