Mientras sucedía la conversación entre Samantha y Javier en el balcón, dentro del salón la historia era otra. Martín, con el corazón en ascuas por la conversación que había tenido con la joven, se había refugiado en un rincón del lugar, mientras miraba a su hermana conversar con algunos colegas que se encontraban allí.
Bárbara al verlo solo, se aproximó aprovechando que ni Constanza ni Samantha estaban cerca.
—¿Cómo estás Martín? Tanto tiempo que no nos vemos..., mirá donde venimos a encontrarnos —dijo, con voz melosa—. No sabés lo mucho que me alegra verte acá.
El abogado la miró de soslayo.
—Ah, sos vos —dijo él de manera despectiva—. Es bastante extraño de tu parte que me digas que te alegras de verme ya que la última vez que nos vimos, me insultaste de lo lindo —replicó, esbozando una media sonrisa—. Me dijiste de todo, menos que era un placer verme. ¿Te quedó algo por decirme o qué?
Ella, le sonrió un tanto avergonzada. Se acomodó el cabello castaño oscuro detrás de la oreja, mir